Reportaje Kerker

Reportaje Kerker
El día de hoy recordaremos a Adam Rodríguez, piloto de la Ciudad de México, con tres anécdotas ocurridas en diferentes fechas en su trayectoria como corredor de motocicletas, situación que no fue nada fácil para este deportista.
Fase I. Los plásticos. Adam Rodríguez llegó por primera vez que se recuerde al Autódromo de Pachuca con una motocicleta 750 cc, sin plásticos. El reglamento marcaba que para participar, la moto debía estar completa, entre otras cosas, porque había televisión diferida de la mayoría de los eventos. Se le interrogó y respondió que desconocía ese detalle y en un plan cordial se le permitió correr.
Llegó la segunda fecha y se repitió la situación, a lo que el entusiasta piloto respondió: “los mandé hacer y no me los entregaron”. Vino la tercera y la vencida, o al menos parecía serlo, nuevamente llegó el “Kerker” con la moto sin plásticos y fue detenido antes de entrar a la pista, indicándole de palabra y con señas que regresara a los pits. Para su buena fortuna, el público que llenaba las tribunas del Autódromo Moisés Solana lo apoyó ampliamente con gritos educados y maleducados para que se le permitiera ingresar argumentando que ponía valor a sus acciones. No faltó quien lo bautizara como “Terminator”, gritando: “deje entrar al Terminator”, porque a semejanza del héroe de las películas, a su motocicleta se le veían todos los cables propios del vehículo.
Apoyado por el “pueblo” participó exitosamente. Interrogamos al Kerker después del evento y nos dijo con un poco de nostalgia: “la moto no es mía y el que me la presta, no sabe que estoy aquí, a veces para cumplir los sueños hay que brincar al plano indebido.”
Fase 2. El motor. La dirección de carrera del Superbike llegó al autódromo escénico Bosques del Ángel de Tulancingo a las 8:20 de la mañana para iniciar lo que sería un magno evento de alguna de las fechas.
Sorprendidos porque ya estaba un automóvil en el estacionamiento, fuimos a verificar de quién era esa nave gigantesca, una Ford Galaxy, y ahí estaba nada menos que Adam Rodríguez. Ese fin de semana su vehículo tuvo tres funciones: transporte, hotel y taller mecánico. Pero lo sorprendente fue ver encima de la cajuela el motor de la motocicleta de Adam, una 125 2T, totalmente desarmado, el cárter como sandia en dos piezas.
Interrogamos al animoso deportista el por qué había desarmado la moto ya que el sábado había marcado el mejor tiempo en las calificaciones y arrancaría en el lugar de privilegio. El Kerker contestó con entusiasmo “creo que con una pequeña modificación dejaré la moto más rápida”. Pasó la mañana y perdimos el contacto, a la hora de la formación de la categoría 125, 2 tiempos, se presentó en la línea de partida y manejando con la determinación que siempre mostró ganó la competencia. Un doble esfuerzo: armar un motor en tiempo récord y con precisión para ganar un evento con destacados contrincantes.
Fase 3. El público. La tercera y la última ocurrió en el sureste en el autódromo de Villahermosa, Tabasco. Se formaron los competidores de la categoría 125 2T y Adam Rodríguez estaba en la primera fila de una parrilla con motocicletas Aprilia, Cagiva y Yamaha. El banderazo verde lanzó a los pilotos a la conquista del triunfo y Adám derrapó y cayó. Se levantó con agilidad felina y se dio cuenta que el plástico que cubre el diminuto tanque que traía su moto se rompió de adelante y colgaba de la parte trasera. En forma frenética, tomó la pieza y la arrancó en fracciones de segundo.
Vino otro reto: arrancar la moto. Empezó a empujar metro tras metro y no había señales de que el motor rugiera, pero no se dio por vencido. Salió de la curva y en una de las rectas del Autódromo tabasqueño siguió empujando bajo el calor agobiador. Por fin, el motor aventó una explosión y de inmediato arrancó. No habíamos terminado de escuchar el primer rugido cuando el Kerker ya estaba sobre la máquina acelerando a fondo.
Lo que sigue parece de novela, pero fue real. Kerker empezó a rebasar a sus contrincantes al entrar en las curvas, al salir de éstas, en las rectas o donde los encontrase, hasta que se impuso en el quinto lugar donde continuó su tarea, pero con mucha más dificultad. Las vueltas pactadas se acababan y Adán siguió superando a sus aguerridos contrincantes hasta llegar al primer lugar.
Animadas por el comentarista, los asistentes se volcaron sobre el Kerker cuando recibió la bandera a cuadros. Terminó la vuelta de triunfo y parado frente a la tribuna principal, donde estaba el pódium, las muestras de júbilo fueron interminables. Un público que en su mayoría nunca había presenciado una carrera de motos y de un corredor que para llegar a ese alejado sitio había sido difícil. Adam Rodríguez, “El Kerker”, comentó una vez pasada la euforia “este autódromo está muy lejos y yo vine a correr, no a caerme”.
Animadas por el comentarista, los asistentes se volcaron sobre el Kerker cuando recibió la bandera a cuadros. Terminó la vuelta de triunfo y parado frente a la tribuna principal, donde estaba el pódium, las muestras de júbilo fueron interminables. Un público que en su mayoría nunca había presenciado una carrera de motos y de un corredor que para llegar a ese alejado sitio había sido difícil. Adam Rodríguez, “El Kerker”, comentó una vez pasada la euforia “este autódromo está muy lejos y yo vine a correr, no a caerme”.

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